Tras los nervios y la emoción de estos días inolvidables, los recién casados ofrecieron a sus invitados una excepcional cena que tuvo lugar en un marco incomparable: la Ópera Garnier de Montecarlo, un lugar muy especial que históricamente ha estado vinculado no sólo a la dinastía Grimaldi, sino a todos los monegascos que han sido testigos de las innumerables fiestas y bailes que se han celebrado en este legendario edificio. Allí, los príncipes Alberto y Charlene ejercieron de perfectos anfitriones y disfrutaron de los exquisitos platos elaborados por el prestigioso chef Alain Ducasse que, como ya adelantó hace unos días, creó en honor a los novios un menú "magnífico, elegante, seductor y sabroso".
Los más de 450 invitados a la cena oficial fueron llegando poco a poco a las terrazas de la Ópera Garnier donde se instalaron las mesas que estaban decoradas con gran gusto con centros de flores en tonos blancos, verdes y azules y sillas doradas con cojines blancos. La mesa de honor tenía forma de "T" y en la parte transversal se sentaron Alberto, Charlene y sus respectivas familias, mientras que en la parte perpendicular se encontraban los jefes de Estado y los diferentes miembros de las familias reales que acompañaron a los novios en su día más especial. El resto de invitados, según ha informado el Principado, fueron repartidos en mesas redondas de diez asientos.
Los más de 450 invitados a la cena oficial fueron llegando poco a poco a las terrazas de la Ópera Garnier donde se instalaron las mesas que estaban decoradas con gran gusto con centros de flores en tonos blancos, verdes y azules y sillas doradas con cojines blancos. La mesa de honor tenía forma de "T" y en la parte transversal se sentaron Alberto, Charlene y sus respectivas familias, mientras que en la parte perpendicular se encontraban los jefes de Estado y los diferentes miembros de las familias reales que acompañaron a los novios en su día más especial. El resto de invitados, según ha informado el Principado, fueron repartidos en mesas redondas de diez asientos.
El menú prosiguió con trigo cultivado en la Alta Provenza y cocinado con zanahorias, corazones de alcachofas, puerros, guisantes, judías verdes y champiñones. Alimentos de la tierra como homenaje a la cocina sana, modesta y sabrosa. Y es que como ya sabíamos, la mayoría de los alimentos que Alain Ducasse ha utilizado para la cena del enlace real son productos de la región que fueron recogidos esa misma mañana en el jardín que el soberano monegasco tiene en Roc Agel, la residencia estival de los Grimaldi donde la princesa Grace vivió los momentos más felices de su vida y a la que se trasladó Charlene tras anunciar su compromiso: "En el jardín del príncipe crecen muy bien las berenjenas, los calabacines, los pimientos...". "No es un menú formal. No habrá ningún tipo de pescado noble, sino de la pesca sostenible. Tampoco habrá caviar. Nos hemos arriesgado con un menú mediterráneo un poco atrevido", añadió.
El primero de los dos dulces servidos, una copa de cristal sobre la que se encontraba una delicada gelatina de fresas y frambuesas silvestres recogidas esa misma mañana, hizo honor a los colores nacionales del Principado. Además, el postre se completaba con una cucharada de helado a base de leche no pasteurizada de nueve vacas que pastan en las hierbas aromáticas de Roc Agel, y una galleta de hojaldre.
Por fin llegaba uno de los momentos más esperados de la noche y en la terraza de la Ópera Garnier de Montecarlo hacía su entrada triunfal el pastel de bodas. Una espectacular creación de siete pisos, metro y medio de diámetro y dos y medio de alto para la que Ducasse ha necesitado 2.000 flores de azúcar. La flor que corona el pastel, una protea, símbolo nacional sudafricano en homenaje a la princesa Charlene, complementa a la perfección un bizcocho "esponjoso de almendras, con una fina compota de grosellas y una mousse ligera de vainilla, recubierta de chocolate blanco y de algunas perlas de grosella".
Antes de la medianoche, todos los invitados se reunieron en la terraza para ver un maravilloso espectáculo de fuegos artificiales, una creación que la pareja confió a la empresa Jacques Couturier, que ha colaborado en numerosas celebraciones en Mónaco. La sorprendente puesta en escena con la música de fondo de "The Streets of Philadelphia" y "África" de Johnny Clegg y una exhibición pirotécnica que sorprendió a todos con una lluvia de oro sobre la bahía de Mónaco y los fuegos reflejados sobre el mar Mediterráneo. Para realizar este impresionante espectáculo han necesitado más de 1.000 rosas rojas que formaron en el cielo un ramo gigante de "flores de fuego" mientras la banda cantaba a capella el "Himno al amor". En cuanto a logística, las cifras no pueden ser más impresionantes: 4 toneladas de fuegos artificiales, 2 noches de instalación, 300 metros de altura para el broche de oro, 15.000 fuegos artificiales individuales.
A continuación todos entraron en la Sala de la Ópera para vivir uno de los momentos más especiales de la noche: el baile de los recién casados. Con un ritmo suave y lento, Alberto y Charlene bailaron ya convertidos en marido y mujer. Miradas, románticos gestos, sonrisas, palabras en voz baja... Sin duda fue un momento único e inolvidables para una pareja que ha esperado durante mucho tiempo la llegada de este día.
Antes de la medianoche, todos los invitados se reunieron en la terraza para ver un maravilloso espectáculo de fuegos artificiales, una creación que la pareja confió a la empresa Jacques Couturier, que ha colaborado en numerosas celebraciones en Mónaco. La sorprendente puesta en escena con la música de fondo de "The Streets of Philadelphia" y "África" de Johnny Clegg y una exhibición pirotécnica que sorprendió a todos con una lluvia de oro sobre la bahía de Mónaco y los fuegos reflejados sobre el mar Mediterráneo. Para realizar este impresionante espectáculo han necesitado más de 1.000 rosas rojas que formaron en el cielo un ramo gigante de "flores de fuego" mientras la banda cantaba a capella el "Himno al amor". En cuanto a logística, las cifras no pueden ser más impresionantes: 4 toneladas de fuegos artificiales, 2 noches de instalación, 300 metros de altura para el broche de oro, 15.000 fuegos artificiales individuales.
A continuación todos entraron en la Sala de la Ópera para vivir uno de los momentos más especiales de la noche: el baile de los recién casados. Con un ritmo suave y lento, Alberto y Charlene bailaron ya convertidos en marido y mujer. Miradas, románticos gestos, sonrisas, palabras en voz baja... Sin duda fue un momento único e inolvidables para una pareja que ha esperado durante mucho tiempo la llegada de este día.
Fuente: hola.com
Hasta la próxima...!*
Hasta la próxima...!*
No hay comentarios:
Publicar un comentario